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Al develar la tumba del Señor de Sipán,
se presentó el problema de la conservación inmediata de los objetos
confeccionados en cobre, plata y cobre dorado que integraban la mayor
parte del material arqueológico en recuperación.
Las primeras capas de ornamentos contenidos
en el ataúd se encontraban severamente afectados por la corrosión
inherentes a su composición. En muchos casos, el metal se había
transformado en óxidos y carbonatos. El efecto electroquímico, acompañado
de ciertos procesos de corrosión química, era profundo y requería
de un inmediato trabajo de conservación. Las limitaciones de equipo
y recursos aunadas a la falta de experiencia en una restauración
de semejante magnitud, impedían en ese momento asumir con éxito
esta tarea en el Perú.
Es así que se solicitó apoyo a
la comunidad científica internacional. En octubre de 1987, el Dr.
Peter Schuar y la restauradora Maiken Fecht, del Museo Central Romano
Germánico de Mainz en Alemania, realizaron una visita a Sipán por
decisión de su director Konrad Weidemann. Ellos propusieron la suscripción
de un convenio de restauración integral de los objetos de la tumba
del Señor de Sipán como una contribución a la preservación de la
herencia cultural de la humanidad. A fines de 1988, el Señor de
Sipán y todos sus atuendos cruzaban el Atlántico para someterse
a un experimentado trabajo de conservación y restauración.
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